Guerra de Titanes en la Casa 9: Júpiter, Plutón y Saturno en conjunción.

La Casa 9 rige las creencias, la religión y el sentido de la vida. Cuando tres titanes como Júpiter, Plutón y Saturno coinciden en conjunción ahí, la mente de una adolescente no vive una filosofía pacífica; vive un campo de batalla intelectual de alta tensión.

La conjunción es un aspecto astrológico que implica la activación de las funciones sistémicas de los planetas involucrados de forma simultánea. Sin embargo, ¿cómo se vive cuando este proceso automático no se tiene conscientemente detectado?

Les presento el manifiesto de una jovencita con esta configuración…

 

TÚ.

Manifiesto 1996.

¿Si unos nacen para sufrir, por qué otros para gozar? Si los que sufren al morir gozan y los que gozan al morir sufren, entonces no hay diferencia, la historia termina en par.

El Ser fue creado para destruirse, entonces ¿para qué nos crearon? Si es cierto que el ser que nos creó es bondadoso, misericordioso y sufre al vernos sufrir, ¿por qué nos hace sufrir? ¿Por qué? ¿Le gustará sufrir acaso? ¿Por qué tomarnos como el objeto de su deseo? ¿Por qué rige nuestras vidas así? ¿Por qué hay alguien que nos deba regir?

Creo que cada quién debiera regirse. Tú eres tu Dios, tu futuro. Si necesitas sostenerte, busca apoyo en tu corazón; no dependas de un intelecto en el que te han hecho creer, no sigas a los demás solo porque es así. Si en realidad crees que tu religión y tu Dios es el correcto, si lo crees de verdad en tu corazón, síguelo; haz que tu corazón te dicte lo que debes hacer. Si tu corazón cree firmemente en ello, entonces triunfarás. Busca apoyo y consuelo en aquello que crea tu corazón.

Un fracaso no es creado por nada ni por nadie, excepto por ti mismo. No hay un destino trazado, traza el mejor, en lo que sientas, tú sabes qué es bueno para ti. Un triunfo no es causado por ningún dios, o a quien sigas; aquel intelecto o personaje al que tú llamas Dios, por sí solo no puede hacer nada por ti, en cambio tú por ti mismo sí. Tú puedes. Tú eres ese Dios que tú mismo necesitas, necesitas creer en ti mismo.

Cuando aún eres pequeño te apoyas en alguna creencia; cuando has crecido, cuando has llegado a tus ideales, tu creencia apenas se convertirá en algo real: en ti mismo. Aquella creencia fue el trampolín para llegar hasta ti mismo, hasta hacerte uno con tu alma. En este momento estás realizado, pero aún no, no has acabado. No, aún no. Sigue, lucha siempre, ve por más. Tú, solo tú. El triunfo es solo mérito tuyo. Y recuerda: aquel Dios, ese ser supremo o en lo que creas, eres tú mismo. Solo tú puedes ayudarte, no esperes que se te dé el triunfo en las manos.

Cada persona seguidora de esa religión lo cree ciegamente porque se lo han inculcado, porque te ofrece pruebas sin saber que solo son eso: seguidores que jamás triunfarán por sí mismos, que solo se conforman y piden y tal vez trabajen, pero no son uno mismo con su alma, con su persona. Y se encomiendan y esperan ser ayudados, y por más que trabajen encomendándose a equis ser o persona, no triunfarán si no superficialmente; no conseguirán ser felices, aunque ellos crean que sí.

Elige tu vida, elige tu alma. Si no tienes los medios para algo, consíguelos; búscalos en tu corazón, busca las respuestas ahí, solo ahí estarán. Solo entonces te encontrarás a ti mismo y aquel apoyo en el que creíste y te encomendaste existirá en ti, como uno mismo. Ese ser eres tú y solamente tú lo cristalizarás.

Escrito por Valery Michelle a los 15 años de edad.

 

El valor clínico y la pertinencia de este texto no radican en su pulcritud literaria, sino en su cruda honestidad sistémica. Lo que se observa en sus líneas es un salto abrupto y una aparente incoherencia de convicciones que se activan de forma inmediata, una tras otra. Así es exactamente cómo actúa una conjunción planetaria en automático: todos los titanes hablan al mismo tiempo, todos exigen el micrófono y todos quieren tener la razón, obligando a la mente a procesar la contradicción en un mismo respiro.

 

La Anatomía del Combate

La primera mitad del texto “¿Por qué nos hace sufrir? ¿Le gustará sufrir?”  “no dependas de un intelecto en el que te han hecho creer” es nuestro temido Plutón. En este espacio, su función sistémica es dinamitar los dogmas heredados y las falsas deidades del clan para buscar el poder real. Es la rabia legítima que prefiere destruir un templo hipócrita antes que someterse a su control, es el Dios del inframundo demoliendo los cimientos de la fe inculcada. Es la frustración que se niega a arrodillarse ante la figura de un Dios sádico.

De pronto, en medio del colapso, el diseño no se quedó en el nihilismo destructivo. Júpiter, quien rige el sentido de la vida y la confianza —y que además se encuentra en su propia casa—, tomó la batuta y mutó hacia una fe expansiva y feroz reubicando el eje central. Júpiter transfirió la divinidad del cielo exterior al espacio interno, el corazón: “Si en realidad crees que tu religión y tu Dios es el correcto, si lo crees de verdad en tu corazón, síguelo; haz que tu corazón te dicte lo que debes hacer. Si tu corazón cree firmemente en ello, entonces triunfarás. Busca apoyo y consuelo en aquello que crea tu corazón.” La fe se convirtió en autoconfianza radical.

Y sin más, aparece una nueva convicción en el mismo texto. Con un tono severo, Saturno reclama el estandarte y dice: “el triunfo es solo mérito tuyo, no esperes que te lo den en las manos. Si no tienes los medios para algo, consíguelos; búscalos”

En una Guerra de Titanes dentro de la Casa 9, la mente puede debatir entre la destrucción absoluta de Plutón y los saltos de fe de Júpiter, pero el planeta que se quedó con el control del territorio fue aquel que tiene un cable de alta tensión conectado directamente al Ascendente Capricornio y a una Casa 10 que tiene tres planetas más. En esta arquitectura energética, el peso de Capricornio le dio la victoria definitiva a Saturno.

La prueba reina de este veredicto está en el cierre del manifiesto: “Ese ser eres tú y solamente tú lo cristalizarás”.

A los 15 años, la psique de esta jovencita (a quién por privacidad citamos por su seudónimo) entendió de forma intuitiva el concepto más puro de Saturno. Cristalizar es bajar la abstracción a la tierra a base de esfuerzo, límites y responsabilidad individual. Cuando el entorno se derrumbó, firmó su propia sentencia saturnina: Nadie va a venir a salvarme, yo soy mi propia ley, yo soy mi propia estructura.

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Entre el delirio de persecución y el hambre de aceptación.