Vocación y propósito de vida, la falacia de lo predestinado.

La pregunta del millón, ¿cuál es tu propósito de vida? Es una de mis preguntas favoritas. En redes de amistades y en consulta es una de las preguntas que más se ventila, la respuesta generalizada es “no lo sé” o “no lo he pensado” Existe una tendencia a pensar que el propósito se dicta por una energía superior que solemos asignar a las deidades, a la carta astral, a las constelaciones familiares, a los registros akashicos y/o cualquier otro responsable desde el exterior, si es místico, mejor.

En diferentes etapas de la vida, el propósito depende de diferentes factores y circunstancias. En la niñez, queremos ser superhéroes o princesas de cuento, ser como mamá o como papá, tal vez deseamos cumplir los sueños de ambos siendo el médico o el abogado que él o ella no pudieron ser. Deseamos ser (y realmente creemos que podemos llegar a serlo) astronautas, ser los primeros en llegar a galaxias lejanas o desatar nuestros poderes psíquicos. Yo, por ejemplo, intenté varias veces siendo niña utilizar la psicoquinesia para mover cosas, apagar o prender luces, pero sobre todo para atraer el control de la televisión a la cama sin tener que moverme del acogedor espacio que ocupaba en ese momento. Por cierto, no lo logré, y lo más triste de todo: dejé de intentarlo.

Ya bien avanzada la adolescencia, llegamos a un punto crítico: a una fase en la que creemos que debemos elegir qué haremos el resto de nuestras vidas, siendo esta una decisión fatal que supuestamente no podremos cambiar en los siguientes años. Ja! Elegir, por ejemplo, la carrera que estudiaremos. Entonces se presenta ante nosotros una lista interminable de profesiones que cada día aumenta, hasta el punto en donde hace unos años encontré una carrera en Inteligencia de Negocios (yo no sabía que lo primero era algo que se pudiera estudiar). Entonces podemos ser médicos, abogados, ingenieros, administradores, arquitectos, comunicólogos, nutriólogos y un interminable etcétera. Pero ¿cómo elegir? Las influencias cercanas juegan un papel muy importante. Los padres aún tienen un gran peso en nuestras decisiones, pero los amigos también; nos gustaría continuar en un nicho en el que podamos estar cerca de ellos (nos gustan los entornos conocidos). Los talentos también son ya considerados: si no se me facilitan las matemáticas, será complicado ser actuario; si memorizar cosas no es lo nuestro, estudiar derecho o historia se presenta como un reto al que tal vez no queramos enfrentarnos.

Hay solo una cosa que para este momento es en pocas veces considerada: qué queremos. Tengo claro que el superhéroe es complicado por razones obvias, pero Ironman no comenzó volando de un día para otro; de hecho, Tony Stark estudió ingeniería electrónica, ingeniería mecánica y estudios avanzados de física. Pero en la era de la inmediatez, queremos ser Ironman sin transitar el recorrido previo.

Se lleva a cabo la elección, decidimos estudiar, por ejemplo, ingeniería en sistemas porque nuestros padres dicen que es un campo con amplio espectro de trabajo, con el auge de la tecnología será fácil conseguir un empleo (nos gusta la estabilidad) nuestro mejor amigo también ha decidido que esta será su carrera y con esto el porvenir se ve fascinante: empleo seguro y grupos de estudio conocidos. Como lo exige el camino de ser un profesionista, durante muchos años se lleva a cabo un esfuerzo considerable para obtener el título y llega el momento de la graduación; la familia está orgullosa, los amigos tienen grandes planes para su futuro, el mundo está ahí para ser devorado.

Con un pie fuera de la universidad, nos enfrentamos al nuevo reto del campo laboral y resulta que, en ese preciso momento, no hay ofertas de empleo para “Programador de videojuegos” y los empleos de “Gerente de TI” exigen una experiencia de 3 años en puestos similares, por lo que tendremos que conformarnos con el puesto de “Auxiliar de sistemas”. Finalmente, es solo el comienzo; de ahí creceremos a lo que en realidad deseamos, solo es para ganar experiencia en lo que la oportunidad deseada “llega”.

Los años pasan y las responsabilidades aumentan. Tal vez el amor se presentó y ahora tenemos una familia; el trabajo ya no es solo un medio para ganar experiencia, sino un factor fundamental para tener los ingresos necesarios para solventar los gastos del día a día, hasta que llega un momento en que nuestros deseos no son más que un mero sueño de la infancia. Nos encontramos en el camino que “nos tocó” y ahora debemos seguir. ¿En qué momento dejamos de preguntarnos lo que queremos para adentrarnos a seguir un camino como una condena?

Algo sucede. Aún no sabemos qué, pero aparece una incomodidad: mi trabajo no me gusta. Esperen... nunca me ha gustado. Es decir: necesito el ingreso que me da, pero soy una persona muy infeliz haciendo lo que hago. Es momento de encontrar respuestas. Esto debe estarme sucediendo porque en algún momento equivoqué el camino; no era por aquí. La vida debe tener un mejor futuro para mí, solo que no he sabido descifrarlo. 

Ante esta asfixia, la recomendación que se recibe de un conocido es la astrología. Con mucha curiosidad y tal vez con cierto escepticismo, se acude a consulta. De esta, obtiene un peritaje serio de sus Direcciones, una lectura analítica de cómo están operando las ventanillas de control de su vehículo energético.

El Ascendente: lo que venimos a aprender a ser, una energía que venimos a manifestar pero que de inicio nos es desconocida, nos es ajena. Es lo que los otros pueden ver, pero nosotros no; una energía que ha venido manifestándose desde siempre, tratando de hacernos reconocer su presencia vital. La fachada del imperio, el Mediocielo: la cima de la montaña, los logros que se buscan, en donde el reconocimiento hace su entrada triunfal y un talento que se puede ofrecer en sociedad; es el ser en el mundo. Las funciones sistémicas habitando la primera casa, que desde el comienzo se sienten como externas y, conforme las experiencias de vida van transitando, los vamos integrando. La levadura del zodiaco, el que expande todo lo que toca: Júpiter, que en una carta indica el área de la vida y las cualidades en que opera la sabiduría innata. El Nodo Norte: ese territorio desconocido hacia el que vamos, la orilla incómoda que te exige estirar la liga del ego, el punto matemático que nos indica rumbo.

Pero si, como es mi costumbre, tenemos que cuestionarnos: ¿es de verdad necesario atender a cada una de estas direcciones de forma estricta? ¿Dónde quedaron nuestros deseos? ¿En dónde está la autodeterminación? 

Al recibir estos pequeños fragmentos del mapa, es indispensable comprender una verdad ineludible: todo esto son solo disponibilidades. Es el plano arquitectónico de una casa que, al construir, deberán hacérsele ajustes; no son sentencias condenatorias eternas. Tener el mapa no te quita el protagonismo ni la responsabilidad de tomar el volante. Es exactamente igual a que te entreguen las llaves de un automóvil; allá afuera hay miles de vehículos con especificaciones técnicas completamente distintas: varían en modelo, marca, color, potencia de motor y equipamiento. Tu diseño energético es ese coche único que te fue asignado al nacer, pero cada quien decide para qué lo usa. 

Puedes elegir dejarlo eternamente estacionado en la cochera por miedo a que se raye, puedes usarlo únicamente para la rutina aburrida de ir y volver al trabajo gris del diario, o puedes encender el motor para viajar, subir a la montaña y conocer lugares inéditos. Puedes poner el navegador incluido y seguir las instrucciones de la pantalla o permitirte definir una aventura sin rumbo. El aire acondicionado está ahí, pero usarlo, la temperatura y la dirección del aire se controlan a voluntad. El coche es la estructura; tú eres la soberanía al volante.

La carta astral te da las herramientas, pero no te obliga a vivirla de una manera. El talento y las posibilidades están ahí disponibles, pero la decisión de qué construir con ellos es una facultad puramente propia. La condena no la dicta el cielo; la condena la firmas tú cuando dejas tu vehículo estacionado en la zona de confort por miedo a asumir tu propio protagonismo, renunciando a lo que verdaderamente quieres ser.

Es por eso que, en un peritaje forense serio, el centro de gravedad no lo dictan las estrellas, ni el manual, ni la teoría abstracta de los planetas. El factor más importante en la lectura de tu diseño energético siempre será tu propio objetivo. Sí, es indispensable conocer las cualidades innatas de tus herramientas y los inmuebles específicos donde operan tus funciones. Pero ese conocimiento es letra muerta si no se activa bajo el poder de tu autodeterminación. La astrología no viene a venderte un destino escrito para que te sientas cómodo esperando que las cosas “pasen”. Viene a entregarte la ficha técnica de tu máquina para que pongas tu Soberanía en Marcha, calibres el navegador hacia tus metas reales y dejes de usar un Ferrari para ir a la esquina. El cielo pone las viguetas; tú decides la escala del imperio.

 

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