Aprendiendo a decir “NO”: Cuando Saturno no es el único culpable.
"La experiencia es una maestra brutal, pero aprendes. Dios mío, que si aprendes."
— C. S. Lewis.
Si has llegado hasta este punto, acompañándome en este viaje de vivencias y astrología, ya te habrás dado cuenta de que suelo escribir desde mi experiencia. Y quiero ser muy clara en el porqué: hablo desde aquí porque es la única forma que conozco de expresarme desde mis emociones, y desde mi propia identidad construida, destruida y reconstruida muchas veces y de primera mano. No me considero una persona egocentrista; hablo desde lo recorrido porque creo que cualquier disciplina que no se estudie con base en la realidad es inútil. La psicología que no trate los acontecimientos de vida desde la perspectiva del protagonista no ayudará a su evolución; la administración y cultura empresarial que no esté adaptada a lo transitado por una compañía no impulsará su crecimiento o el logro de metas y, entonces, ¿por qué la astrología debería ser diferente?
Para escuchar o leer lo que es una función planetaria, sus cualidades teóricas o su ámbito de expresión por casa de forma generalista, hay muchas referencias que en este momento no calificaré ni de buenas ni de malas. Solo diré que de nada me sirve saber que mi Saturno está en un signo y una casa determinados. Seguro que lo tengo, y segura estoy de que es el planeta de los límites, la responsabilidad y la maduración. Pero si lo tengo, ¿por qué eso de los límites no se me da?
Pensando y sobrepensando, tratando de ir hasta el fondo del asunto (como Plutón en tránsito cuadrando a mi Mercurio natal exige), debo abrir la perspectiva: ¿qué es poner límites? O mejor aún, comencemos con la pequeña pero significativa palabrita: “NO”. Así, sin ponerme estricta y antes de ir a consultar a la RAE, la palabra "no" es una negativa, un rechazo de algo. Suena muy fácil, pero ahora sí, consultemos a los profesionales:
Del latín non.
Adverbio. Expresa negación. No vendrá. U. a menudo para responder a preguntas. —¿Quieres un poco más? —No, gracias. (no estaba tan perdida, ¿eh?).
Con este punto comienzo a encontrar la relación con la palabra límites. Pero continuando con este análisis, veamos ahora: ¿Qué es un límite? Yo creo que es el borde de algo, un punto final antes de que comience otra cosa. La RAE dice: “m. Línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios. m. Fin, término.”
Y finalmente, en el mundo de la inteligencia emocional, “poner límites” implica establecer líneas saludables sobre lo que estás dispuesto a tolerar —ya sea en el trato, el tiempo o el espacio— protegiendo tu bienestar mental y físico. Derivado de mi nebulosa anterior, decir "no" es establecer y rechazar el punto en el que alguien está intentando saltar la línea de lo que es saludable para nosotros. Y vuelvo: ¿por qué no se me da eso de poner límites? ¿Es que acaso no conozco cuáles son esos espacios en los que me puedo sentir vulnerada? Yo creo que sí; pero a veces nos gusta negociar, nos gusta ir tras la ganancia secundaria.
Puedo conjeturar ahora que los límites no son solo cosa de Saturno. Él sí los pone, pregúntenmelo a mí con mi Ascendente Capricornio. El problemita es que, en teoría, poner límites es sano, es lo correcto, peeeeero... ¿cuál es la consecuencia? Yo me voy a proteger, pero el de enfrente se va a molestar (eso cree mi Luna oposición Venus, por cierto, esta última en Capricornio). Entonces, la lógica no trabajada me dice que debo elegir una de las dos opciones porque son —repito, a mi parecer desde mi estructura energética— mutuamente excluyentes: protegerme obteniendo el amor y aprobación de los demás, o protegerme a través de poner límites a los demás.
Y no voy a mentir diciendo que mi camino capricorniano-saturnino fue de decisiones difíciles pero alcanzadas con coraje y valor, logrando ahora saber decir que no. La realidad es que, desde niña y hasta hace muy pocos años, escogí siempre la primera opción. Y déjenme tener un poco de autocompasión y excusarme: ¿cómo no hacerlo si desde bebé aprendí que necesito a los otros para sobrevivir? Sacar eso de la memoria inconsciente es un trabajo muy complejo.
Con el tiempo, las consecuencias de mi primera elección fueron siendo cada vez más duras para mí. Cada vez se ponía frente a mí la posibilidad no solo de perder el aprecio de los otros, sino de perder la estabilidad, la salud y mucho más. Ya les hablaré del accidente en el que casi lo pierdo todo por no saber decir que no.
Este artículo lo titulo "Aprendiendo" porque estoy en el proceso. Diría mi antigua terapeuta que al menos ya puedo observarlo y tomar la decisión consciente. Bajo la guía astrológica, decidí hacer un trabajo no de un Saturno inmaduro, sino de una Luna acaparadora y de una Venus abnegada, junto con la función complementaria (no por aspecto) de Saturno. Soy una compleja máquina de precisión en donde resultó que hasta lo que no está directamente conectado puede y debe funcionar acompasado.
En tu mapa, el freno de mano para decir 'no' puede estar oculto en un Marte que teme confrontar, en un Neptuno que disuelve tus límites, o en dinámicas energéticas completamente distintas a las mías. No importa la combinación de tu estructura: el secreto está en comprender cómo tu propio sistema necesita funcionar acompasado.
Cuéntame, ¿y tú? ¿Cómo gestionas tu sistema fronterizo?"