Distancias energéticas: El dilema de la interconexión de funciones.
Hoy quiero platicarles sobre uno de los que para mí, más allá del conocimiento del simbolismo astrológico, es un tema fundamental en la aplicación de la astrología: las distancias energéticas.
Según la RAE (ya saben, mi favorita), distancia es el espacio o intervalo de lugar o de tiempo que media entre dos cosas o sucesos. En astrología, y bajo mi propia perspectiva, diré que la distancia en términos astrológicos es la discrepancia que existe entre las cualidades de dos funciones sistémicas en una carta natal.
¿Y por qué esto debería interesarnos? En el artículo “El salto de la exclusión a la exposición” hablé de forma vivencial de estas discrepancias, pero vamos a ampliar un poco el tema. Personalmente considero que las distancias más molestas son aquellas que median entre la Luna y el Sol, pero concedo certeza al hecho de que cualquier planeta o punto de interés, como el Ascendente, puede presentar dificultad en su vivencia conjunta.
Imaginemos, por ejemplo, una Luna en Capricornio. Tuvo (si estuvo presente) una figura materna estricta, rígida y poco disponible para las necesidades emocionales y de contacto del bebé. Este pequeño tuvo que aprender, desde muy corta edad, que no vale la pena el esfuerzo de pedir ayuda al otro; aprendió de una forma muy rudimentaria a valerse por sí mismo. El mecanismo se diseñó para sostenerse en soledad; la frase predilecta tal vez será: “Yo no necesito a nadie”.
Pero este pequeñín va a crecer; la estadística dice que la gran mayoría lo hará. Permítanme generalizar y digamos entonces que esta personita que crece tiene, de acuerdo a su fecha, hora y lugar de nacimiento, un Sol en Libra, en donde la esencia es la dualidad. Entonces, no solo no estoy solo: vincularme es parte esencial de mi existencia, es mi identidad; el Sol en Libra es apertura, armonía y equilibrio.
¿Cómo se vive esta dualidad? Yo soy con el otro, pero ante una situación de riesgo no te quiero a mi lado; yo puedo solo. ¿Dónde quedó la apertura? ¿Y qué consecuencias generará esta actitud mecánica en los demás?
Vamos a complicarlo un poco psicológicamente hablando. Digamos que este pequeñín, ya no tan pequeñín, tiene un Ascendente en Cáncer. Entonces podemos saber que el mal llamado "destino" (según mi muy particular forma de ver las cosas) le llevará a través de eventos necesarios para el despliegue de sus energías, a encarnar el cuidado, la nutrición emocional y la creación de refugios. Esta situación, desde los antecedentes que ya definimos, resulta completamente ajena, probablemente incomprensible y tal vez hasta riesgosa para los elementos con los que la identidad se ha ido construyendo.
La buena noticia para este sujeto irreal de estudio es que la astrología nos permite dilucidar lo que contiene su caja de herramientas desde una perspectiva constructiva. Esta caja contiene cinta de teflón, cuya función es protectora —es un material blando y maleable de cuidado y aseguramiento— capaz de sellar las uniones adecuadamente. Contiene tuberías diseñadas para conectar, pero solo cuando el teflón protege el conducto es posible ajustar de forma perfecta estas uniones. Y contiene un manual de cómo construir estructuras con firmeza y solidez; contiene las bases del trabajo duro y la perseverancia, que permitirán ajustar la estructura de una forma saludable, logrando que el agua corra y el sistema se sostenga firmemente en el tiempo sin fugas de energía.
Fragmentarse es ser solo el manual —estático, solitario y convertido en un compendio de reglas rígidas— o tal vez, ser un tubo diseñado para conectar o una cinta de teflón que puede proteger más no por si sola. Pero solo cuando unimos todas las piezas que siempre han estado ahí para ser complementarias, obtenemos un sistema funcional.
Con tu caja de herramientas, ¿qué estás construyendo?